Y yo, que planté millones de flores en tu nombre, que arranqué hasta la última pelusa de tus regalos, que lloré con Derecho, pero ese derecho que nadie cree cierto.
Y yo, que te defendí hasta del último insulto que mi cabeza intentaba vomitar en tu nombre.
Y yo, que intenté ser fuerte cuando te dejó de gustar la fragilidad de mis recuerdos.
Y yo, que te imaginé queriéndome.
Porque te quería, por sobre mi. Desafortunadamente, al menos para mi; Entendí que las jerarquías sentimentales parten por uno mismo.
Y si ahora Creo tener el derecho de victimizarme, y de sufrir, y de llorar, y de odiarte bastante, es porque lo creo justo, es por haberme vuelto debil, es porque ahora, en este preciso momento, me acordé de mi.
Y yo, que te defendí hasta del último insulto que mi cabeza intentaba vomitar en tu nombre.
Y yo, que intenté ser fuerte cuando te dejó de gustar la fragilidad de mis recuerdos.
Y yo, que te imaginé queriéndome.
Porque te quería, por sobre mi. Desafortunadamente, al menos para mi; Entendí que las jerarquías sentimentales parten por uno mismo.
Y si ahora Creo tener el derecho de victimizarme, y de sufrir, y de llorar, y de odiarte bastante, es porque lo creo justo, es por haberme vuelto debil, es porque ahora, en este preciso momento, me acordé de mi.
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