Nota
- Mario Rodrigo Cerezo Araya
- "Todas nuestras intenciones secretas, incluso las peores acaban por revelarse con el tiempo; a eso se le llama destino". Los impacientes
sábado, 8 de diciembre de 2012
Siempre creí ser una persona maravillosa, llena de virtudes, con cosas que entregar, y esperaba que todo lo que se acercaba a mi floreciera y así era por fuera, pero esos florecimientos los provocaba sólo para tapar el ser oscuro, enfermizo y desgraciado que nació junto conmigo, Mario. Mario y yo hemos estado juntos desde que mi mamá lo mató al nacer, dejó de ser una carga para ella, pero se transformó en mi mejor amigo que era a la vez mi peor amigo, sin quererlo claramente. Yo seguía a mi mamá y le escondía las cajetillas de cigarros porque siempre le tuve miedo a la muerte, y más aún a la suya que me ha rondado toda mi vida, específicamente seis veces, sin embargo a los cinco años Mario decidió fumarse uno de esos cigarros contra diciéndome y convenciéndome de que no era tan terrible. Esta conducta no se repitió hasta los doce años. Porque mientras yo intentaba hacer mi primera comunión exento de pecados y errores, él se preocupaba de inventar historias perversas en su cabeza para tocarse con ropa ajena. Hemos estado juntos toda la vida, y así es nuestra relación, y así nos entendemos, y así nos reímos, y así nos acordamos, y así nos tocamos, y así nos vemos y hacemos el amor. Lo único que siempre he odiado de Mario, es su capacidad de alejarme de la gente que me quiere, quizás es por envidia o porque hay veces en que lo dejo solo y el no tiene más amigos que yo, ni más amores que yo. Cuando tuvimos siete años, y estábamos realmente solos, le prometí nunca abandonarlo y nunca dejar de quererlo, porque fue lo que siempre tuvimos... El a mi y yo a el.
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